Se ha escrito mucho durante el último año sobre los distintos tipos de fraude de identidad digital que estamos viendo en 2026. Empresas y organismos especializados destacan en sus estudios la proliferación de herramientas cada vez más sofisticadas y, en ese contexto, la inteligencia artificial aparece como la gran protagonista.
Y es cierto: los ataques basados en IA están creciendo y evolucionando rápidamente. Deepfakes, documentos generados artificialmente o ataques de inyección son ya una realidad. Pero conviene no perder de vista un dato clave: el fraude sigue siendo, en gran medida, físico… manual.
La evidencia que observamos en el día a día es clara. Los ataques más sofisticados están aumentando, pero la mayoría de los intentos de fraude que sufren hoy empresas y administraciones continúan realizándose mediante técnicas tradicionales y más rudimentarias (ataques de presentación): reutilización de credenciales robadas, suplantaciones básicas, documentos auténticos utilizados por terceros o ataques de ingeniería social.
No pretendo con este artículo hacer un copy-paste de estudios realizados por otras empresas, o de distintos foros de discusión, recogiendo estadísticas del estado y tipos de fraude en la actualidad, sino más bien mostrarte la información sacada de nuestros propios datos, con clientes de la más diversa índole, en proyectos en producción. Ahh, y tranquilo, afortunadamente podemos afirmar que nuestra tecnología ha registrado hasta la fecha muy pocos incidentes exitosos de fraude, incluso en sectores especialmente sensibles. (Si algún proveedor os asegura que evita el fraude al 100%, salid corriendo sin mirar atrás.)
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Por eso sigue siendo fundamental contar con tecnología capaz de detectar tanto el fraude avanzado como el fraude más cotidiano, que continúa siendo el más frecuente y el que más volumen genera.
Tipos de fraude más comunes
Cuando hablamos de verificar la edad o la identidad de una persona mediante un documento oficial —ya sea un DNI o un pasaporte— el proceso parece sencillo: mostrar el documento frente a la cámara del móvil y capturarlo mediante foto o vídeo. Sin embargo, detrás de ese gesto aparentemente simple hay un reto evidente: detectar que ese documento es real y no ha sido manipulado físicamente.
Lo más común es presentar una fotocopia de un documento ante la cámara o directamente presentar otra pantalla (móvil, tableta, etc.) donde aparece el documento. En este caso, cualquier software de edición puede alterar la imagen o incluso generar una completamente nueva.
Ese tipo de ataque de presentación donde más lo hemos encontrado es en sectores tan diversos como el juego y apuestas online y la industria financiera (banca, fintech y aseguradoras).
Fraude de identidad en la industria de juegos y apuestas online
De hecho, uno de los entornos donde más claramente vemos esta realidad es el sector del juego y las apuestas online.
En este sector, uno de los principales intentos de fraude que hemos detectado durante 2026 —y que en realidad llevamos viendo desde hace varios años— es el de menores de edad que intentan suplantar la identidad de sus padres.
Aquí hemos de tener en cuenta que la principal necesidad de estas empresas a la hora de verificar la identidad de los jugadores que se dan de alta en las plataformas, es verificar la edad, ya que no está permitido que se registren menores de edad.
El patrón suele repetirse: existe un parecido físico evidente y se sube a la plataforma un documento completamente real, en este caso el DNI del padre o de la madre, con el objetivo de superar el proceso de verificación.
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Aquí aparece una conclusión importante: ya no basta con verificar que el documento sea auténtico. Es imprescindible añadir una capa adicional de reconocimiento facial que permita comprobar que la persona que está realizando el proceso es efectivamente la misma que aparece en ese documento.
Ese tipo de fraude sigue estando plenamente vigente.
Robo de identidad en la banca
Otro fraude que continúa siendo especialmente relevante es el robo de credenciales (phishing). A día de hoy sigue siendo probablemente una de las vías de fraude más frecuentes: obtener acceso a las credenciales de una persona para entrar en sus cuentas privadas y, a partir de ahí, tratar de suplantar su identidad.
Es precisamente en ese punto donde la biometría adquiere un papel decisivo para evitar consecuencias mayores.
Un ejemplo claro lo hemos encontrado en uno de nuestros clientes del sector bancario.
Tras una campaña de phishing, los delincuentes consiguieron obtener las credenciales de acceso de varios clientes a la aplicación de banca digital. Ya habían completado la primera parte del fraude: acceder a las cuentas.
Faltaba la segunda: superar la verificación de identidad necesaria para autorizar una transacción.
En este caso, el intento fue especialmente revelador por su simplicidad. Una vez obtenidas las credenciales de acceso, los atacantes recurrieron a fotografías reales de esas personas extraídas de sus perfiles públicos en redes sociales, ya que el segundo factor de autenticación estaba basado en reconocimiento facial.
Aquí no estábamos ante un ataque de presentación tradicional —mostrar una imagen frente a una cámara— sino ante un ataque de inyección.
El objetivo consistía en introducir directamente en el flujo de autenticación una imagen selfie real del usuario para que el sistema la aceptase como válida y autorizase la transacción.
Afortunadamente, cuando la tecnología biométrica está correctamente integrada dentro del flujo de autenticación y se tiene un control del proceso end-to-end, este tipo de ataques pueden detectarse y bloquearse.
Un módulo de detección de ataques de inyección (IAD) bien diseñado permite identificar cuándo alguien está intentando sustituir el flujo real de cámara mediante una imagen o un vídeo procedente de otra fuente, como una red social o un archivo previamente obtenido.
Y aquí está una de las tendencias en el fraude de identidad digital en 2026: el incremento de ataques lógicos usando inteligencia artificial para diseñar deepfakes o realizar ataques de inyección.
No obstante, si bien esta tendencia que empezamos a percibir en clientes en producción es una realidad, también lo es que el debate público se centra demasiado en la inteligencia artificial y en los deepfakes más llamativos. Pero nuestra realidad del día a día demuestra que el fraude es mucho más amplio: mezcla ataques avanzados con tácticas básicas, combina automatización con ingeniería social y aprovecha cualquier debilidad de la cadena, que, como todos sabemos, somos las personas.
Por eso ya no es suficiente con resolver una única capa del problema.
Es necesario disponer de motores maduros y robustos tanto para ataques de presentación como para ataques de inyección, capaces de combinar distintos módulos de análisis —documental, biométrico, liveness y análisis de integridad del canal— para detectar con precisión cada intento de fraude.
La identidad digital necesita hoy una defensa multicapa.
Porque el fraude cambia constantemente.
Y la confianza digital depende de estar preparados para detectar tanto el ataque más sofisticado como el más aparentemente simple.
Escríbenos si quieres conocer como puede ayudarte nuestra tecnología a evitar el fraude de identidad.

Soy Ingeniero Informático y amante del Marketing, Comunicación e Internacionalización de empresas, tareas que desarrollo como CMO de Mobbeel. Soy muchas cosas, algunas buenas, muchas malas… perfectamente imperfecto.
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Identidad digital en la Universidad de Murcia
El inicio de cualquier relación entre una universidad y sus usuarios, ya sean estudiantes, personal o colaboradores, exige una verificación precisa y segura para garantizar la protección de los datos y la integridad de los sistemas.



